Sobre una estéril pradera, en el diáfano azul del cielo cruzaba en rápido vuelo una nube pasajera. Viola pasar una flor que abrasada se moría, y en su penosa agonía le dijo así con amor: "Yo te bendigo: la suerte és conmigo generosa, Dios te manda, nube hermosa, a librarme de la muerte." "Joven soy, morir no quiero; en tus bondades confío; una gota de rocío por piedad, porque me muero." Pero la nube orgullosa, insensible caminando, "No puedo, dijo pasando, servir a tan noble rosa." "Que si todos los pesares de las flores mitigara, pienso que no me bastara con el agua de los mares." La flor exhaló un suspiro y la nube en el momento, agitada por el viento siguió su rápido giro. Cruzó la selva sombría, cruzó también la ribera; pero siempre en donde quiera la tristeza la seguía. Sintió al pronto una profunda, indefinible ansiedad, y por fin tuvo piedad de la rosa m...